La importancia de la inteligencia emocional en los emprendedores.

mayo 16, 2017

Alguien dijo una vez (creo que un personaje de una novela de Fernando Savater) “No entiendo la afición a las carreras de caballos, de siempre ha habido caballos que corren más que los otros”. Podemos decir algo parecido sobre la inteligencia de las personas, de las diferencias del llamado Cociente Intelectual, CI o IQ (del alemán Intelligenz-Quotient), pues, al final, la distribución responde a la típica campana de Gauss y, simplemente, hay que felicitar a aquellos privilegiados que destacan sobre los demás y que se consideran superdotados. El IQ contempla la capacidad de razonar, resolver problemas, pensar de forma abstracta y planificar. Las pruebas incluyen problemas numéricos, con palabras, secuencias, formas, esquemas, etc.  

La sorpresa es que esta capacidad intelectual no garantiza altas “prestaciones” y lo que sucede es que la gente normal (que no es lo mismo que mediocre) supera a la gama alta de IQ. La pieza que justifica tal anomalía es justo la Inteligencia Emocional.

El factor diferencial.

Eso es, la Inteligencia Emocional es la causa raíz del déficit en las prestaciones esperadas del cuarto cuartil, aquellos privilegiados de altos IQ. Es como si la gente normal tuviera un arma secreta que compensa la diferencia de 10, 20, 30 puntos en el IQ, suficientes para llevarse el gato al agua, para tener más éxito en un sentido amplio. Pues esa arma secreta ha sido identificada, ha dejado de estar oculta y en las últimas décadas la investigación ha dejado claro cuál es: la Inteligencia Emocional.

El caso es que ya en 1920 Edward L. Thorndike, psicólogo norteamericano, utilizó el término de Inteligencia Social y lo describió con elementos muy próximos a los que Daniel Goleman popularizó en 1995, en su famoso libro Inteligencia Emocional.

La Inteligencia Emocional es algo más intangible y tiene que ver con cómo gestionamos nuestros comportamientos, nuestras tomas de decisiones en aras de conseguir resultados positivos. Tiene dos dimensiones fundamentales, una personal y otro social y, cada una de estas dimensiones, tienen a su vez dos aspectos: el de “ser conscientes de” y “gestionar positivamente” esa consciencia.

El cambio (a mejor, por supuesto) es posible

Tenemos dos noticias, una que ni fu ni fa y otra muy buena. La de ni fu ni fa es que la Inteligencia “convencional”, esa que se mide con el IQ es más o menos constante, hasta cierto punto inamovible. Es decir, lo que la naturaleza te ha regalado, tu IQ, la posición por encima o debajo de la media, el punto de la campana de Gauss en el que te sitúas es el mismo cuando tienes 20 años que cuando llegas a los 60 y esto es así, aunque nunca hayas pasado los test, simplemente es como tu ADN intelectual.

La buena noticia, muy buena noticia o grandísima noticia es que le Inteligencia Emocional puede cambiar, se cultiva. De manera que, si combinamos la IQ constante con la IE variable y ésta segunda crece, el resultado es que tú como persona creces. Esto es sensacional, sin duda, porque hay “método” para favorecer ese crecimiento (A veces se incluye en la ecuación la Personalidad, https://goo.gl/gGZKX0 aunque por ser estable como la IQ, nos ahorramos tratarla en beneficio de la simplicidad).

Estemos donde estemos, particularmente en relación con otras personas, la Inteligencia Emocional tiene un significativo impacto tanto en nuestra vida profesional como en la personal, de ahí que sea tan importante comprender qué es y cómo se gestiona.

Saber escuchar (por cierto, asimismo esencial en un coach) y comunicar bien son dos aspectos destacables de inteligencia emocional que cuadran precisamente con lo que actualmente requieren las organizaciones a los líderes. Nadie duda de que el trabajo en equipo es cada vez un factor esencial en cualquier compañía, de tal forma que, en un contexto competitivo, es un “must” y en muchos casos ni siquiera implica diferenciación sino solo línea base. Por ello, es hasta cierto punto inadmisible que un líder no cubra los mínimos de esa inteligencia emocional que se ha erigido por derecho propio en la pieza que justifica la anomalía en las “prestaciones” que vimos al principio.

¿Qué puedes hacer para mejorar tu IE? Escuchar mejor, sin duda. Descubriremos que los demás existen, que no son entes que circulan en nuestro entorno y ese descubrimiento arrastrará muchas cosas positivas.

Emprender es más que tener un buen IQ

Veamos, resulta que ser insensible, arrogante, descontrolado, egoísta e inflexible, son algunos rasgos inherentes a una deficiente inteligencia emocional https://goo.gl/csSCfL.  Si somos capaces de escuchar (ojo, escuchar de verdad, que significa, como primera diligencia, dejar nuestros juicios a un lado) parecería que no casa muy bien con ser insensible ¡Ah! ¡cómo ha cambiado el panorama!, asimismo, ¿qué pasa con la arrogancia, el descontrol, el egoísmo y la inflexibilidad? ¿Será posible que una buena escucha se lleve por delante como ha sucedido con la insensibilidad? Me atrevo a decir que sí, ¡Pruébalo! Recomendación solo válida si consideras que puedes mejorar tu escucha. Si ya eres un as en la materia, pues no digo nada.

Consejos y más consejos

No solo de escuchar vive el hombre (o la mujer), así que podemos preguntarnos qué otra cosa nos conviene explorar para mejorar la inteligencia emocional, por cierto, simbolizada por EQ. No hay respuesta categórica. Solo echando un vistazo en Google, aparecen artículos para mejorar la inteligencia emocional en “10 pasos”, “6 ejercicios básicos”, “14 pasos”, “Cinco consejos” … Tanta heterogeneidad de recomendaciones y dispersión de números no da mucha confianza. Así que me limito a invitar a cosas: probar a escuchar mejor (es pura magia), leer “Pensar rápido, pensar despacio”, de Daniel Koleman, y hablar con un coach, aunque sea bueno.

 

Acerca de mi…

Me llamo Domingo Valhondo y soy Coach Personal y Coach de Equipo certificado por la International Coaching Community, así como experto en Lean Management.

He llevado a cabo investigaciones como El Coaching, una herramienta al servicio de la Adolescencia y Coaching: la Voz del Cliente, auspiciadas por el Instituto Ben Pensante.

Autor del libro Gestión del Conocimiento: del Mito a la Realidad, publicado por Díaz de Santos Ediciones de Madrid, y de la obra de ficción Relatos Inquietantes, publicada por PuntoRojoLibros.

Premio Gestión del Conocimiento 2015 concedido por la Fundación Gestión del Conocimiento

Organizador de los grupos de Meetup denominados Coaching en Abierto y Coaching Resiliente

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