No te fíes de Harvard ni de Yale (o de quien use su nombre en vano)

julio 7, 2017

Cualquiera que no vaya de sobrado procura documentarse cada vez que tiene que tratar un tema, ya sea en una charla, una presentación o una clase. Nadie lo sabe todo y una mínima prudencia dicta buscar fuentes que refuercen, aseguren o enriquezcan el asunto tratado. Una fuente solvente, por supuesto referenciada, puede respaldar nuestra propuesta.

La cuestión que surge de esta aconsejable práctica es la validez de las fuentes y las más de las veces simplemente nos fiamos de los nombres, claro es, del prestigio, esto puede jugar malas pasadas.

Lo que pretendo reflejar es la precariedad de las fuentes o más bien la inseguridad que crean  a nada que te descuides, a pesar de que no se trata de verificar si Julio César pronunció la tantas veces repetida “Alea iacta est” (La suerte está echada) cuando cruzó con sus tropas el Rubicón, o alguien se la asignó (dicho con todo el respeto a los historiadores), sino de cuestiones más próximas, supuestamente accesibles, dentro del maremágnum de la revolución de Internet, del conocimiento al alcance de todos.

Me disponía a tratar sobre el efecto positivo que tiene para cualquiera tener objetivos definidos, más aún si están escritos. Preparé unas notas acerca de los requisitos de unos buenos Objetivos, eso de que cumplan la regla S.M.A.R.T. (sin entrar en detalle, que no viene al caso en este momento) y busqué en Google, pues eso, artículos para reforzar la tesis, introduciendo “la importancia de los objetivos” o algo por el estilo en la ventanita del buscador.

El comienzo.

Entre la multitud de resultados de Google encontré uno muy bueno de Salvador Figueros en el que, respondiendo a la pregunta ¿Pará que sirven los objetivos? desgrana con precisión y sencillez (un rasgo distintivo de Salvador) las ventajas que aporta contar con objetivos bien definidos. Transcribo solo parte de lo que el autor resalta en negrita en su artículo:

1.- Te marcan el punto de llegada. Si no sabes donde tienes ir cómo vas a saber qué tienes que hacer para llegar.

2.- Te ayudan a corregir las desviaciones.

3.- Te mantienen en movimiento. El hecho de saber que hay un punto de destino y que, poco a poco, te vas acercando a él es un elemento de refuerzo.

4.- Te permiten superarte. La secuencia de objetivos alcanzados es la secuencia de tu propia superación.

Perfecto, con esto podemos construir un buen discurso.

Un caso irresistible.

Salvador Figueros, aparte de ser un gran comunicador y un profesional prestigioso, es también sensato, nada sobrado, y por ello se apoya en otros a la hora de buscar perspectivas.

Imagino que en su búsqueda se encontró con “El caso del estudio de Harvard sobre los Objetivos”, cuyo resumen, copia y pego, sin más, dice así:

En la década de los 50, se realizó un experimento en la Universidad de Harvard para estudiar el poder de los objetivos.

Se cogió a un grupo de alumnos y se les preguntó quién se había fijado objetivos específicos que quisiesen conseguir a lo largo de su vida.

Como era de esperar, todos respondieron afirmativamente. Después, se les hizo una segunda pregunta: ¿Cuántos de vosotros habéis reflejado esos objetivos por escrito?

Aquí las cosas fueron distintas. Sólo un 3% de todos los alumnos encuestados contestaron que tenían sus objetivos por escrito.

Veinte años después, los mismos investigadores hicieron un seguimiento de los alumnos encuestados. Descubrieron que el 3% de los alumnos que confesó tener los objetivos por escrito habían acumulado más riqueza que la suma total de la riqueza del 97% restante.

El poder de la marca

¿Quién puede dudar de un estudio realizado por Harvard que demuestra que unos Objetivos escritos llevan a resultados ¡diez veces! superiores a los que obtienen aquellos pobrecitos que no se plantearon objetivos en sus vidas.

Es comprensible que uno se apoye en estos datos para arropar la propuesta que estamos elaborando ¿No es así?

Pues Mike Morrison, fundador de RapidBI, coach, consejero, mentor, consultor y formador, cuestiona radicalmente la existencia de la investigación de Harvard en un artículo titulado “Harvard Yale Written Goals Study – fact o fiction?”.

En el que empieza destacando los datos que yo conocemos “3% of Harvard MBAs Make Ten Times as Much as the Other 97% Combined” y se pregunta ¿Tiene usted un conjunto claro y escrito de objetivos para su futuro y hecho planes para llevarlos a cabo?

Y un poco más agresivo, sigue preguntando ¿Está su Proceso de Cambio o Desarrollo Organizacional basado en hechos o en ficción? Añadiendo “A menudo los métodos y estrategias que usamos en los negocios y en nuestras organizaciones están basados en lo que leemos. Pero ¿Podemos confiar en todo lo que leemos?

A continuación, describe en qué consistía el estudio, el que ya conocemos y dice:

La duda

Mike Morrison, intrigado, y hace 2 años (se refiere a 2008) lleva a cabo una investigación desde el origen para encontrar los datos del estudio. Después de dedicar 100 horas y de decenas de emails el resultado fue: Ni el estudio de Harvard ni el de Yale existieron.

La propia Harvard reconoce que “Se ha confirmado que no se realizó ningún estudio de objetivos de la promoción de 1953. En los últimos años, hemos recibido una serie de solicitudes

En los últimos años, hemos recibido un número de solicitudes de información en un estudio publicado en base a una encuesta realizada a la promoción de 1953, en su último año y un estudio de seguimiento realizado diez años más tarde. Este estudio ha sido descrito como la forma en que los objetivos de los graduados se relacionan con el éxito y los ingresos anuales alcanzados durante el período (entre ambas encuestas).

El secretario de la promoción de 1953, que había servido como tal durante muchos años, no conocía el estudio, ni ninguno de los compañeros a los que preguntó. Además, se consultó a varios administradores de Yale (no queda claro esta referencia a Yale, tal vez un error, pues el supuesto estudio de esta universidad se sitúa años después) y se examinaron los registros de varias oficinas para documentar el estudio. No se encontraron datos relevantes, ni nadie recordó el supuesto estudio de la promoción de 1953, ni de ninguna otra.

La certidumbre: una leyenda urbana o un montaje.

Según Mike Morrison, los primeros en “utilizar” el estudio fueron Mark MacCormack (What They Don’t Teach You in the Harvard Business School) y Brian Tracy (Goals!). Otros gurús del desarrollo personal que han contribuido a perpetuar el mito han sido Zig Ziglar, Tony Robbins and Tom Bay.

Hay más cosas en el artículo de Mike Morrison, que recoge también que en 1996 FASTCOMPANY examinó esta investigación y descubrió que era un mito. Entonces, ¿por qué se sigue perpetuando más de 20 años después?

“La investigación simplemente no existió y es pues un mito o leyenda urbana entre los coaches de Vida, consultores y gurús del éxito y el desarrollo personal.”

Un varapalo a los grandes

Mike se muestra más duro aún y dice “Si cualquier coach cita esta investigación o estudio, entonces cuestiona seriamente lo que te dicen y si estás leyendo un libro de autoayuda de cualquiera de los autores enumerados anteriormente, hazte esta la siguiente reflexión: Si publican falsedades como ésta, sin ninguna validación, ¿podemos realmente creer en lo que dicen en sus libros?”

Durísima conclusión para estos profesionales. Yo me he librado por chiripa. Si un monstruo como Tony Robbins se lo ha tragado (creo firmemente que no ha sido consciente de ello), parece excusable que a gente más del montón, también se nos pase.

Lección aprendida: cuestiona lo que leas, especialmente si es impactante. Un palo para la confianza. Tanto es así que el propio artículo de Mike Morrison crea confusión acerca de si habla del estudio de Harvard o de Yale, cuando dice: (lo dejo en inglés para no interferir en nada) “For a long time I have heard of the 1953 Harvard study or the 1979 Yale study on the effects of written goals of graduates on the long term performance or people”. “There was a study done at Harvard between 1979 and 1989.” ¡Menudo lío de fechas!

 

Acerca de mi…

Me llamo Domingo Valhondo y soy Coach Personal y Coach de Equipo certificado por la International Coaching Community, así como experto en Lean Management.

He llevado a cabo investigaciones como El Coaching, una herramienta al servicio de la Adolescencia y Coaching: la Voz del Cliente, auspiciadas por el Instituto Ben Pensante.

Autor del libro Gestión del Conocimiento: del Mito a la Realidad, publicado por Díaz de Santos Ediciones de Madrid, y de la obra de ficción Relatos Inquietantes, publicada por PuntoRojoLibros.

Premio Gestión del Conocimiento 2015 concedido por la Fundación Gestión del Conocimiento

Organizador de los grupos de Meetup denominados Coaching en Abierto y Coaching Resiliente

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