El poder de la dualidad

abril 16, 2017

Los aficionados al bricolaje conocen bien un tipo de pegamentos que constan de dos componentes, cada uno en su propio envase. Sucede que el efecto adhesivo se consigue al mezclar ambos componentes y aplicar la sustancia resultante de la mezcla al objeto que el aficionado quiere reparar o unir, en tanto que aplicando cualquiera de los productos por separado, simplemente no ”pegan” o lo hacen con prestaciones limitadas.

Esta referencia a los pegamentos de dos componentes nos sirve de pretexto para hablar de los dos hemisferios del cerebro humano, cada uno de ellos con características específicas, diferenciadas de las del otro hemisferio. Podríamos decir, de manera resumida, que el derecho se ocupa de aspectos etéreos, intangibles: deseos, libertad, intuición, pasión, creatividad, sentido artístico, holístico; en tanto que el izquierdo es como si llevara las etiquetas: Lógico, analítico, estratégico, control, realista, científico, lineal…

No parece que “notemos” qué parte de nuestro cerebro está actuando en cada momento, como ocurre con el paladar…. Sentimos el dulzor en la punta de la lengua, en el lateral…, en distintas áreas, para distintos sabores: dulce, ácido, salado, amargo, etc (El mapa de la lengua, el quinto sabor y otras cosas que no sabías sobre los sabores).

Bueno, no está del todo claro, pues hay investigaciones que apuntan a que tal mapa no existe –La verdad sobre el mapa de los sabores y el quinto sabor. Vamos, que tal vez se trate de un mapa virtual construido artificialmente por nuestro cerebro.

La historia del mapa de la lengua (hablamos de sabores) nos viene muy bien, pues recuerda el poder de nuestro cerebro, que está continuamente combinando “piezas” de los dos hemisferios, de modo que la mezcla resultante es nada menos que los que lleva a actuar de una forma u otra.

Razón y emoción

Así podemos resumir la especialización de cada uno de los hemisferios del cerebro: razón y emoción (más adelante comentarios que hay quienes están en contra de esta simplificación).

Los dos hemisferios están conectados entre sí con una suerte de puente (Cuerpo Calloso, nombre de escaso glamour) que posibilita el funcionamiento integrado del cerebro.

¿Cuál de los dos hemisferios es más importante? Los dos, sin duda. De hecho, más allá de la especialización, ambos hemisferios interactúan siempre que realizamos cualquier tarea. Otra cosa es cómo se lleva a cabo esta colaboración entre los hemisferios, un reto arduo de verdad. Quedémonos con la idea de que una cooperación equilibrada es la clave. De momento nos bastará, sin entrar en disquisiciones de cómo se consigue ese equilibrio deseado.

Enmienda a la totalidad (o casi)

Todos somos conscientes del efecto (a veces muy negativo) del “corta y pega”. Agarramos de aquí y de allá lo que nos parece oportuno, a veces le damos un toque personal -para que no se note mucho- y, así, vemos cómo una búsqueda cualquiera nos ofrece un gran número de resultados equivalentes.

Así se propagan los errores (o los aciertos, aunque la autoría sea indefinida) impunemente, se trivializa la ciencia, se popularizan “leyendas urbanas”, tópicos que se enraízan como verdades irrefutables, como piezas de pensamiento único que cuesta refutar.

Pues bien, al rastrear referencias para este artículo me encontré con uno bien interesante, Hemisferios cerebrales: mitos y realidades, que se sale de la inercia de ese corta y pega comentado y se apoya en investigaciones que consideran solventes -documentadas-, para desmontar las “simplificaciones, exageraciones y rincones de realidad”, resumiendo la situación como sigue (aquí el corta y pega está permitido: es una cita) “La evidencia científica no se corresponde con el mito que nos dice que el hemisferio izquierdo está vinculado a los procesos lógicos y el derecho al ámbito creativo. Si esto es así, ¿por qué la gente e incluso profesionales de la psicología o las neurociencias siguen repitiendo este mantra?”

La duda está servida

Por un lado, la cómoda simplificación con la que nos movemos en tantas facetas del inabarcable conocimiento acumulado, que nos da la sensación de saber (las sensaciones son importantes) y, por otro lado, la complejidad inherente a todo lo que concierte al cerebro, a la neurociencia. Nadie de la calle está en condiciones de investigar con personas que han sufrido accidentes, que han dañado el “cuerpo calloso”, dejando incomunicados entre sí los hemisferios del cerebro. Nadie de a pie dispone de escáneres cerebrales para estudiar a cientos o miles de casos, para que los resultados sean estadísticamente representativos, ni, por supuesto, tiene la formación y el empuje para acometer tales estudios -no basta con la tecnología-.

Ahora bien, la complejidad no cambia la realidad. Lo que es, es. El desconocimiento humano no altera esa “realidad”. La Tierra gira alrededor del Sol no solo desde que se demostró el Heliocentrismo, sino desde que el Sistema Solar se configuró (más o menos). “La verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero”, que escribió Antonio Machado en “Juan de Mairena”

Nos quedamos con el aprendizaje de no dar por sentando nada, de que la duda nos impulsa a explorar, a averiguar qué hay detrás de la apariencia. Aprendemos también el valor de la fuente, a validar hasta donde podamos quién está detrás de las afirmaciones, de los estudios y cuál es su nivel de solvencia, sin extralimitarnos, pues todo puede tener su sesgo.

Y si, después de todo, la cosa es más sencilla

Me refiero al coaching que, por definición, trabaja con personas normales, entiéndase bien, que no necesariamente requieren de terapias, sino simplemente, quieren crecer, desarrollarse, conseguir su mejor versión (un tópico, pero nos vale aquí). Coaching para emprendedores, coaching de vida, coaching ejecutivo, coaching personal, todas y cada una de estas modalidades, aplican el principio de “no entrar en la mente del cliente”. Lo que sucede en esa mente es cosa del cliente, el coach es experto en el método, no en el contenido. Estamos con personas normales, podemos indagar en esa combinación de escucha profunda que inspira la pregunta poderosa, capaz de activar los resortes mentales del cliente (sin importar absolutamente nada, donde demonios tienen lugar esas transacciones del cerebro, qué lóbulos están involucrados, cuál es el papel de ese conector llamado cuerpo calloso, qué circuitos son responsables de los hábitos, de las creencias limitantes, etc.). Lo que importa es que las cosas suceden, los cambios se producen, el método funciona.

La esencia que subyace detrás de esto es el principio de la Caja Negra de la Teoría de la Comunicación y de la Cibernética. Dice Anthony Stafford que el Propósito de un Sistema es lo que Hace. Un Coach no escudriña la mente del cliente, no debe hacerlo. De hecho aplica ese principio de la Black Box, de la Caja Negra. Hay una entrada (el cliente dice cosas y también las preguntas del coach), que es procesada por la caja negra que es el cerebro del cliente, él sabe qué sucede ahí dentro (desde luego, mucho mejor que el Coach, de ahí evitar los consejos), y se produce una salida, una acción, una respuesta, lo que sea, que es relativamente observable. El coach tiene en cuenta la coherencia entre la entrada y la salida, no cuestiona lo que ha ocurrido en la caja negra, eso lo hará el cliente, si quiere.

Las técnicas como la visualización, la integración de partes, esta y otra pieza de PNL, la línea del tiempo, las metáforas, en fin, todo, no son sino instrumentos o herramientas que el coach pone en juego para que el cliente redefina (si procede y quiere) cosas que están en la caja negra, para producir salidas, resultados, que le convienen más, conforme a su esquema de valores, a sus principios, a sus ambiciones, aspiraciones y a su voluntad de cambiar cosas.

Eso es todo: da igual en qué circuitos de la Caja Negra se lleva a cabo todo el proceso.

Es la enorme ventaja de trabajar desde la perspectiva del crecimiento, de ir más lejos. Un buen Coach “sabe” hasta dónde puede llegar, sabe también qué terrenos le están vedados, qué ámbitos competen a otros profesionales: sicólogos, psiquiatrías, neurólogos, etc.

Lo que está fuera de toda duda es que la Dualidad Coach Cliente es muy poderosa, cualquiera que sea la operativa de los hemisferios del cerebro, y actúa como los dos tipos de pegamento de dos componentes.

 

 

 

Acerca de mi…

Me llamo Domingo Valhondo y soy Coach Personal y Coach de Equipo certificado por la International Coaching Community, así como experto en Lean Management.

He llevado a cabo investigaciones como El Coaching, una herramienta al servicio de la Adolescencia y Coaching: la Voz del Cliente, auspiciadas por el Instituto Ben Pensante.

Autor del libro Gestión del Conocimiento: del Mito a la Realidad, publicado por Díaz de Santos Ediciones de Madrid, y de la obra de ficción Relatos Inquietantes, publicada por PuntoRojoLibros.

Premio Gestión del Conocimiento 2015 concedido por la Fundación Gestión del Conocimiento

Organizador de los grupos de Meetup denominados Coaching en Abierto y Coaching Resiliente

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